Jordi, dueño de la centenaria Casa Rosell: "La mejor época de la mercería fue la posguerra"
La familia del propietario de este comercio histórico lleva más de un siglo vendiendo bragas y calzoncillos en esta esquina de Barcelona, pero Amazon y las grandes cadenas de ropa hacer peligrar su porvenir
Jordi Rosell bebe a morro de una botella de San Pellegrino. Su madre, una nonagenaria de aspecto adorable, le hace compañía mientras lee la revista Hola. El mastín descansa espachurrado en el suelo, tras el mostrador.
Estamos en Casa Rosell, una de las últimas mercerías que perduran en el barrio del Eixample de Barcelona. “Mi bisabuelo bajó de Martinet, en la Cerdanya, y montó la mercería. Fue en mayo de 1909”, relata Jordi, al que entrevistamos.
--¿Cuándo se unió al negocio familiar?
--Cuando murió mi padre.
--¿Cuándo murió su padre?
--Hace veinte años.
--¿Cómo ha cambiado el negocio en estas dos décadas?
--La competencia de Amazon nos ha afectado mucho. Y también la de Zara, Primark y todas estas grandes cadenas.

--Antes había más mercerías en esta zona de Barcelona.
--Sí, el turismo se las ha llevado por delante. También se ha llevado las oficinas, y esto afecta al comercio de barrio.
--¿Recuerda alguna que haya cerrado recientemente?
--Aquí ya no queda ninguna. La última que quedaba era Planas y Linares, que ya cerró. Sólo abren bares. Las calles peatonales son muy buenas para los bares, pero muy malas para el comercio.
--¿Cuál es vuestra clientela?
--Gente del barrio y otros que vivían aquí y se han tenido que ir fuera de la ciudad, pero vuelven a la mercería. Sobre todo, son gente mayor. Jóvenes entran pocos.
--¿Qué es lo que más valoran de Casa Rosell?
--La calidad y el trato. Al final, estas tiendas grandes cuidarte, no te cuidan. Si vas a protestar, ni te atienden.
--¿Cuál es la prenda que más vendéis?
--Medias, bragas, calzoncillos, camisetas interiores, pijamas…
--¿Dónde fabrican vuestros proveedores?
--La mayoría fabrican fuera de España ya. En Italia, Portugal y China. Italia nos provee muchas prendas de lencería.

--En esa estantería tiene muchas cajas de Punto Blanco.
--Punto Blanco y Janira son de las pocas españolas que quedan. Abanderado y DIM ya lo hacen todo fuera. Y luego está Puig, que está intentando salvar marcas de aquí. Primero se quedó Guasch, la casa esa tan antigua de pañuelos, y ahora se ha quedado Massana, una compañía textil de Mataró que hace ropa interior y de baño.
--¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
--Bueno, antiguamente mi abuelo tenía doce dependientes en la mercería. Pero ya no quedan sastres ni modistas.
--Cuénteme alguna curiosidad de los 117 años de historia de Casa Rosell.
--La mejor época fue después de la Guerra Civil, durante la posguerra, porque la gente no tenía dinero, no podía comprar ropa nueva y abrieron muchas mercerías. Si la economía se hunde, aparecerán mercerías.
--Antes hacían arreglos.
--Sí, arreglábamos trajes y medias, se hacían plisados, había perfumería. La gente no podía comprarse un traje nuevo y venía aquí a arreglar sus prendas.
--Ahora la gente ya no remienda la ropa.
--Ahora rezan para que no se les muera la abuela, porque nadie sabe coser.
--Cuando usted se jubile, ¿tendrá relevo Casa Rosell?
--No, por ahora no. Me quedan dos sobrinos, pero no los veo trabajando de lunes a sábado.


